Ayer esperando al autobús para venirme a mi casa (síii, estoy en mi pueblooo ^^) había un chico a mi lado. Me pidió un boli para apuntar lo que sea e intentaba pedir algo por el móvil. No sabía bien español. Me pidió ayuda y al final conseguimos el número de teléfono que quería. Hubo un malentendido con mi nacionalidad (creía que, o hablaba inglés, o era ecuatoriana jeje) y, no sé si por el hecho de haber pensado que yo sería también una “sin papeles”, empezó a contarme su historia. Su triste historia.
Es nigeriano, lleva viviendo 2 años y 4 meses en España y no tiene papeles. Empezó diciendo que “la vida es muy mala” así que, ya me imaginaba algún tipo de problema con los tan anhelados papeles. Resulta que ha estado viviendo en Madrid y trabajando allí con los datos de un amigo, por lo que tenía un contrato en una empresa de jardinería. Pero la mujer del que lo había contratado o la del amigo (esta parte creo que no la entendí bien, pero lo que importa es el resultado) se enteró del chanchullo y le fue con el cuento al jefe. “Me rajaron el contrato, la nómina, el finiquito, ¡todo!” fueron sus palabras. No sabía qué hacer. Su mujer o novia, para el caso es lo mismo, vive en Sevilla. Él la llamó para irse con ella (ya no había trabajo, en Madrid ya nada lo sujetaba) y ella le decía que esperase a que saliese trabajo. Él decía que no, que se iba con ella porque quería estar con ella hasta la muerte. Al final, esperó 3 meses hasta que decidió irse antes de ayer a Sevilla. La llama y le dice “estoy en tal sitio”, ella contesta que va a ir a por él. Tuvo que pasar la noche en un hotel porque la mujer no apareció. Se ha enterado de que ella vive con otro hombre. Me decía “mi corazón me duele”, y se le notaba en los ojos que sí. “No tengo mujer, no tengo trabajo, no tengo dinero, no tengo papeles, ya sólo me espera la muerte”. Le dije que no pensase en eso. “Cuando llegue a Madrid cojo un cuchillo y me mato”. Entre tanto había llegado mi autobús y tenía que irme. Lo único que pude decirle fue que hay muchas personas buenas, que tuviera suerte.
Y digo “lo único que pude decirle” porque no puedes consolar a una persona que ha vivido algo así tan lejos de su país, con unas palmaditas en el hombro y decirle que todo irá bien, porque no es así.
Me sentí asquerosamente mal por la historia y, además, porque había estado desconfiando durante toda la conversación. Quiero pensar que fue porque no es muy normal que una persona empiece a contarte tu vida así, sin más, y no porque era negro. Yo juraría que no soy racista.